lunes, 10 de diciembre de 2018

La cuestión post-Normandía. Bretton Woods

Conferencia en Washington, imagen original aquí
Mayo de 1943. Plenitud de la IIGM. Se celebra, en Washington D.C, la Conferencia Trident, donde los Aliados deciden comenzar una invasión a Francia. Después de una discutida estrategia, se decide que Normandía es el lugar ideal para el desembarco. La Batalla comienza el 6 de junio de 1944. 1.900 bombarderos atacan las defensas de los alemanes. En la mañana del 25 de julio nuevamente un gran bombardeo aéreo da inicio a la Operación Cobra, donde la infantería y blindados estadounidenses romperán las filas alemanas. El 1 de agosto el Ejército de los EE.UU., bajo el mando del general George Patton, inicia las operaciones y logra avanzar triunfante hacia el norte en Le Mans. Los aliados, venciendo la resistencia alemana, avanzan hacia París, que es liberada el 26 de agosto por el general De Gaulle. En septiembre de 1945 los aliados logran recuperar la totalidad del territorio francés, así como Bélgica.
Apenas unas semanas después del desembarco en Normandía, los aliados, conscientes de que la IIGM acababa- se disponen a instaurar un nuevo orden económico internacional.  Durante el mes de julio de 1944, en Bretton Woods (New Hamp-shire, EE UU) se reúnen representantes de 44 naciones con el objeto de diseñar una política monetaria y comercial estable. En este contexto, John Maynard Keynes y Harry Dexter White buscan formas de lograr la cuadratura del círculo. ¿Cómo restaurar una economía global abierta en un mundo en el que predominan las políticas nacionales?
El primer paso fue un destacado sistema monetario de patrón oro vinculado al dólar: debido al gasto bélico de la IIGM, las reservas de oro de los países se habían visto mermadas. En consecuencia, resultaba complicado asegurar la equivalencia en oro de sus monedas nacionales. Se establece así, el dólar como moneda de referencia para el resto de divisas, desplazando la libra esterlina, y se fija el valor de una onza de oro en 35 dólares. Así, EEUU tenía el poder de proveer liquidez mediante la emisión de dólares basados en deuda para salvaguardar el sistema. Asimismo, se crea el Fondo Monetario Internacional (FMI) con el objetivo de vigilar y proteger el buen rumbo de la economía a nivel global y paliar los efectos devastadores de la Gran Depresión. También se funda el Banco Mundial, encargado de facilitar financiación a los países europeos arrasados por la Segunda Guerra Mundial. Será más adelante, en 1948 cuando se firme el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, General Agreement onTariffs and Trade) consistiendo en un acuerdo provisional de aranceles y comercio, por el que se regiría el comercio mundial desde después de la Segunda Guerra Mundial y hasta el nacimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que lo sustituiría. En cualquier caso, Bretton Woods reflejaba la supremacía de los estadounidenses sobre el resto del mundo, al tomar las decisiones económicas mundiales casi de forma unilateral.


Acuerdo del Bretton Woods, imagen original aquí
Este nuevo sistema de Bretton Woods daría paso a una especie de nueva globalización controlada por acuerdos internacionales y normas de gobernanza mundial, en un contexto de devastación tras una Guerra Mundial. Aun así, tales eran los destrozos en las economías europeas, que fue preciso aplazar la entrada en funcionamiento del nuevo sistema y  concretar un plan de ayuda a su reconstrucción, el Plan Marshall. La recuperación europea, la evolución favorable de sus balanzas de pagos, fue casi tan rápida como el aumento de los desequilibrios en la economía americana, incluida una excesiva emisión de dólares.
En 1971 el presidente Nixon anunció de forma unilateral la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro y devaluó el dólar. Los tipos de cambio de las principales monedas iniciaron su flotación, marcando el fin del sistema Bretton Woods. 

Paula García Chamorro, L2

lunes, 29 de octubre de 2018

El ferrocarril en España

Imagen original aquí
Cuando escuchamos algo así como "Ley de Ferrocarriles" o "Línea Barcelona-Mataró", evocamos aquella época de instituto en la que estudiábamos ciertos aspectos de la historia de España (los cuales no nos preocupábamos de razonar) que luego soltábamos en el examen para no volver a recordarlo nunca más.
¿Cómo fue, entonces, eso del ferrocarril en España realmente?

Antes de la construcción de las primeras  líneas de ferrocarril en España lo más rápido si querías moverte por el país eran las diligencias, carruajes regulares que circulaban por las carreteras españolas de la época. Sin embargo, aún así era cuestión de varios días el traslado entre regiones. Es por eso que la inauguración del ferrocarril supuso todo un acontecimiento, y fue utilizado por los gobiernos de la época como escaparate de la progresiva (aunque muy lenta e incompleta) modernización de España. Frente a lo que popularmente se piensa, el primer ferrocarril español fue construido fuera de la Península Ibérica, en Cuba, 1837,  y su línea unía La Habana con Güines. Cuando el 19 de noviembre de 1837 se inauguraba el ferrocarril en Cuba, en el acto de inauguración estaba presente el catalán Miguel Biada, oriundo de Mataró. La empresa cubana le agradó tanto que en el mismo acto le comentó al entonces Gobernador de la isla, el General Tacón:
"Cuando vuelva a mi país, antes de un año habré unido Barcelona con mi pueblo"Unos años más tarde, en la península Ibérica se construía la línea de Barcelona-Mataró en 1848 (una línea todavía vigente, que contaba con una longitud de 29,1 km). La siguiente línea fue en 1851, de Madrid a Aranjuez y que hoy forma parte de la línea C-3 de la red de Cercanías (por cierto, tal vez el personaje más importante en la inversión de esta línea fue el Marqués de Salamanca, un hombre "Poco limpio"). Sin embargo, a mediados del siglo XIX el ferrocarril aún estaba muy limitado. El motivo era la reticencia del entonces gobierno moderado a impulsar su construcción.

Es importante hablar de un detalle curioso sobre las vías ferroviarias en España: su tamaño. El ancho de vía (conocido como "ancho ibérico"), era mayor que el europeo, por un motivo más bien práctico: debido al abrupto relieve español, lleno de numerosos sistemas montañosos exigía que las locomotoras tuvieran mayor capacidad en su maquinaria para poder ascender las abundantes pendientes. Para ello, un ancho de vía mayor resultaba mucho más conveniente. No obstante, esto incurrió en un aislamiento ferroviario frente al resto de Europa, al tener que cambiar de vía en la frontera. Un aislamiento que se prolongó nada menos que hasta 2010, cuando se abrió la línea de alta velocidad hasta la frontera francesa. 


La gran expansión del ferrocarril en el s. XIX (original aquí)
La gran expansión del ferrocarril en España (y la creación involuntaria de una burbuja), se debió a la aprobación de la Ley de Ferrocarriles en 1855 por parte del gobierno progresista. Al contrario que los moderados, los progresistas pensaban que el ferrocarril era indispensable para la modernización y desarrollo del país. Se produjo así una rápida expansión con la construcción de numerosas líneas de ferrocarril de ancho ibérico a cargo de las que se convertirán en las principales empresas ferroviarias de la época: la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y a Alicante (1856), la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España (1858) o la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces (1877). Empezaría así la época de construcción de líneas ferroviarias entre algunas ciudades españolas de importancia regional. 

A principios de 1866 estalló la primera crisis financiera de la historia del capitalismo español, debida a la afluencia masiva de capital, tecnología y material extranjeros. En España, en realidad, esta crisis tuvo mucho que ver con el hundimiento de las sociedades ferroviarias, ya que habían invertido mucho dinero en líneas no muy rentables, ya que, apenas había mercancías que transportar ni personas para desplazarse, por lo que sus acciones se hundieron en la Bolsa, generando un verdadero crack bursátil. El último impulso constructor del siglo XIX comenzó con la Restauración, a partir de 1876. La red ferroviaria española iba a ser una de las menos utilizadas de Europa. En los siguientes gráficos se compara el grado de utilización de los ferrocarriles de un conjunto de países europeos a la altura de 1900-1901.
original aquí
Vemos que la política ferroviaria seguida en el siglo XIX trajo como consecuencia que, al otorgarse las principales concesiones a compañías extranjeras, las materias primas se importaban de fuera, por lo que el ferrocarril no estimuló la industria siderúrgica nacional. El escaso capital español existente, además de desviarse hacia la compra de tierras, sacadas a la venta en las desamortizaciones, fue absorbido, en gran medida por el ferrocarril, especialmente en la época del boom pero, tal vez por eso no derivó a la formación de un tejido industrial español. Aún así, a largo plazo, es cierto que el ferrocarril terminó por tener ciertos efectos positivos en la economía española cuando empezó a despegar en el siglo XX.

(Paula García Chamorro, L2)

domingo, 21 de octubre de 2018

Rusia zarista y Rusia revolucionaria


Primero fue una Rusia imperial, de zares, incluso feudal. Luego, una Rusia revolucionaria, comunista, austera. Mientras las grandes potencias destilaban aires de liberación y aptitudes abiertas a la política y a la economía, el gran territorio de Rusia, puente entre los continentes europeo y asiático, aún se encontraba en la Edad Media en pleno siglo XIX. El imperio ruso era un estado inmenso, gobernado de forma absolutista por los zares, que concentraban todos los poderes. El zar Alejandro I había emprendido algunas reformas liberalizadoras a comienzos del siglo XIX, pero la invasión napoleónica arrinconó los cambios (más información aquí). Su sucesor, Nicolás I, olvidó por completo las tímidas intenciones de Alejandro y remarcó el carácter autocrático del imperio. Fue uno de los monarcas absolutos protagonistas de la Europa de la Restauración y de la Santa Alianza.
Rusia zarista, imagen original aquí


El nuevo zar Alejandro II inició reformas políticas y económicas. Quizás la derrota en la Guerra de Crimea ayudó a comprender que la economía rusa se estaba transformando lentamente y que las reformas eran necesarias. El sistema económico-social que hasta entonces se había estado practicando, basado en la esclavitud campesina, se suspendió en virtud de un tímido mercado de trabajo, que proporcionó las condiciones para el desarrollo de la empresa privada y de compañías públicas en diversas industrias. Pero la liberación no solucionó los problemas de los campesinos por el alto precio que tuvieron que pagar como indemnización.

Así, a principios del s. XX, la situación económica rusa era de atraso con respecto a las naciones europeas vecinas. Los campesi­nos, libres de sus antiguos señores desde 1861, vivían en sus comunas aldeanas o mirs, gobernadas por los zemstvos o asambleas locales, que los presiona­ban económicamente con impuestos. Comenzaron a aparecer, de esta manera, numerosos grupos de ideales marxistas y revolucionarios, como el Partido Social Revoluciona­rio o el Partido Social Demócrata Ruso, que tenían como líder a Vladímir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin (información sobre su labor revolucionaria aquí). Ya en la Rusia de Nicolás II, la derrota en la Guerra ruso-japonesa, unida a la masacre del llamado Domingo Sangriento, dieron lugar a la revolución de 1905, en la que se presionó al zar para la creación de un Parlamento, la Duma. Asimismo, sumado a  las carencias provocadas por la Primera Guerra Mundial y la terrible hambruna sufrida por la sociedad rusa, se desencadenaría la Revolución Rusa de 1917, que tuvo como consecuencia el derrocamiento de Nicolás y la ascensión al gobierno de Lenin.
En 1922 se fundó la URSS. Con la muerte de Lenin (1924), Stalin se impuso frente a Trotski en el gobierno, creando una República Sangrienta que duraría hasta 1991. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se trataba de un Estado plurinacional, con un partido único, el PCUS. Stalin impuso prácticamente un dictadura basada en el culto a su persona, aunque también tuvo ciertas propuestas económicas como el Plan Quinquenal, basado en la colectivización e industrialización. Más adelante, en términos de Segunda Guerra Mundial (1939-1945), los alemanes atacaron la URSS con la rendición alemana en la batalla de Stalingrado (hoy Volvogrado), la más sangrienta de la historia de la humanidad con más de 2 millones de muertos. Se dice que Rusia fue vital para la caída de Alemania en la Guerra.

Así, la Segunda Guerra Mundial terminaría para dar lugar a otro conflicto silencioso, que tendría a Rusia, junto a EE.UU, como protagonista: la Guerra Fría. Pocos años después, Krushov fue nombrado secretario general en el Kremlin tras la muerte de Stalin y, frente a la creación de la OTAN como alianza militar, los países del bloque del Este firmaron el Pacto de Varsovia como acuerdo de cooperación militar en caso de ataque. En las décadas siguientes, estos dos grandes bloques mantuvieron conflictos indirectos mediante emisión de satélites, pruebas nucleares, amenazas territoriales (un artículo sobre la Crisis de los misiles en Cuba aquí).
Lenin y Stalin, imagen original aquí

Se había creado el "telón de acero" de Churchill, que dividía a Berlín y al mundo en dos bloques indirectamente enfrentados. No obstante se establecieron algunas comunicaciones, como el "Teléfono Rojo"; vigente en la actualidad, entre EE.UU y Rusia. En 1908, se celebraron lo JJ.OO. en Moscú. 64 países boicotearían los Juegos Olímpicos en protesta por la invasión soviética de Afganistán.

Con la llegada de Gorbachov al poder entre los ochenta y los noventa, se iniciaron importantes cambios y reformas en la Unión Soviética. Destaca el llamamiento de Gorbachov a la reforma económica, la Perestroika, Se inició también la retirada soviética de Afganistán, y la participación creciente de Rusia en la ONU. En noviembre del 89, caía el Muro de Berlín. Poco a poco, la democracia comenzaba a oírse entre los soviéticos, dando lugar a elecciones democráticas. En 1990, Boris Yeltsin se convierte en el primer presidente ruso democráticamente elegido. La URSS tenía los días contados.

En 1991 se produce un intento de golpe de Estado en Moscú. En diciembre, los presidentes de Bielorrusia, Rusia y Ucrania firman el Tratado para abolir la URSS y constituir la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Gorbachov hace pública su renuncia y la URSS deja de existir. Así, el gobierno liberaliza los precios, la medida más importante en el paso de una economía soviética centralizada a una economía de mercado. El rublo se desploma; los precios se disparan y empieza la crisis económica. En 1998 estalla la crisis financiera. En 1999, Vladimir Putin asciende al poder de la Federación Rusa (más información sobre la era Putin aquí), e introduce siete distritos federales como nuevo sistema de gobernanza territorial. En agosto de 2008, se produce el conflicto armado con Georgia motivado por las repúblicas secesionistas de Osetia del Sur y Abjasia. En septiembre la crisis financiera golpea a Rusia. Los precios del petróleo caen abruptamente, lo que hace que la renta nacional disminuya de manera considerable. En 2014, se produce un conflicto con Ucrania. Las fuerzas rusas invaden Crimea, que luego votará en referéndum unirse a la Federación Rusa. En diciembre el rublo comienza a caer de manera rápida perdiendo la mitad de su valor en unos pocos meses.


Putin y Trump, 2018, imagen original aquí
 La política económica de Putin ha reducido el nivel de pobreza en Rusia, pero también ha estancado los salarios y aumentado el gasto militar. 
Actualmente, la economía del país es, en buena medida, dependiente de los hidrocarburos. Según datos del atlas comercial del MIT, 60% de las exportaciones del gigante son petróleo, GLP y derivados. Estos productos representan, además, 30% de su PIB. En indicadores de desarrollo y sociales, Rusia es un país de ingresos altos, según la calificación del Banco Mundial (BM). Su PIB per cápita, ajustado por paridad de poder de compra, asciende a casi US$25.500. Una misión del FMI, tras evaluar la situación del país, subraya el gran reto de reducir el exagerado tamaño del Estado, que representa un tercio de la economía. El primer paso sería reforzar el marco institucional.

(Paula García Chamorro, L2)

La cuestión post-Normandía. Bretton Woods

Conferencia en Washington, imagen original aquí M ayo de 1943. Plenitud de la IIGM. Se celebra, en Washington D.C, la Conferencia Tride...